A pocos días para el debate de investidura de Pedro Sánchez como
presidente del Gobierno de España, el panorama no puede ser más
incierto.
Vamos tachando días en el calendario esperando, esta vez sí, la
semana decisiva. Y lo único que llegan son interrogantes más
enrevesados que los de la semana anterior.
Vamos consumiendo etapas de, quién sabe, si un guión
perfectamente pautado, o de la más completa improvisación
provocada por la estulticia y la ambición más desmedida.
El caso es que a día de hoy, dos meses después de haber votado,
no tenemos ni idea de quién va a ser nuestro presidente. Y lo más
grave, el rumbo que se le va a dar al país.
Han sido dos meses de elucubraciones, pronósticos
mayoritariamente desacertados, deseos truncados y adhesiones de
quita y pon.
Con cuatro actores principales y algún secundario con papel crucial
en el resultado final de esta serie de intriga, parece que los
escenarios posibles se reducen a cuatro.
¿Los analizamos?
LA GRAN COALICÍÓN
Esta ha sido mi apuesta desde el 20-D.
Por puro sentido común, sería lo mejor que le podría pasar al país.
Un gobierno que pudiera pactar asuntos capitales como la unidad
territorial,
estructura de Estado, independencia judicial, pensiones, educación y
sanidad... Una legislatura que abriera un tiempo de pactos
duraderos totalmente necesarios, y lo que es más importante,
despojada de sectarismo.
Ya hablé de ello en anteriores entradas.
Esta coalición a tres entre PP, Cs y PSOE puede tener las caras que
le queráis poner.
Puede ser necesario que desaparezca de escena Rajoy, Sánchez o
ambos.
Podemos meter en la ecuación a Susana, Casado, Maroto o al de la
moto.
Pero hay algo fundamental para que sea posible: La aceptación de
la coalición por parte del electorado contrario a quien le toque el
marrón de presidirla.
Me explico.
Si lo analizas pragmáticamente, quien presida ese gobierno es
completamente intrascendente, si las políticas son realmente
consensuadas.Diría más. Es contraproducente en lo referente a
desgaste.
Pero es perfectamente comprensible que a los votantes del PP les
repatee las entrañas que Sánchez consiga ser presidente.
Poca diferencia veo en el electorado fiel del PSOE respecto a la idea
de ver otros cuatro años a Mariano presidiendo el consejo de
ministros.
Estoy convencido que, si al final esta gran coalición se pone en
marcha, todo lo que hemos presenciado hasta ahora ha sido un
teatro de cara a convencer a los sectores más hooligan de los dos
partidos mayoritarios para minimizar daños.
Si la clave para que un gobierno así funcione, es despojarse del
sectarismo,
semejante representación es fundamental.
De ahí todo este sainete.
Un Sánchez rechazado doblemente en el debate de investidura,
después de haber intentado denodadamente el pacto a tres, daría
un paso a un lado para llegar a un acuerdo con el PP de la mano de
Cs.
Con el pretexto del miedo a los radicales, y calmando así a todos los
que, sin ese teatro, lo hubieran despellejado, habría vía libre.
Después, un par de años de "buen gobierno" daría para restañar
heridas y preparar la siguiente cita electoral.
FRENTE POPULAR
El gran miedo.
La posibilidad de un gobierno PSOE-PODEMOS , en sí mismo, sería
uno de los factores determinantes para que pudiera producirse la
gran coalición
PP-PSOE-Cs.
Pero no es un escenario que debamos descartar.
Para darse este caso, debemos asumir en Pedro Sánchez una
ambición sin límites, y un cerebro con muchos.
Si bien sería discutible por algunos su idoneidad para el futuro del
país, lo que si parece claro y aceptado, es que destruiría el PSOE.
La ambición de la otra pata del banco, Iglesias, creo que no hay ni
que comentarla.
Como el concurso de Cs lo descartamos categóricamente para que
salgan las cuentas, debemos entender que Iglesias ya ha hecho el
trabajo "sucio" de convencer a las fuerzas independentistas para su
apoyo por acción u omisión.
Esta posibilidad la descarté en un principio. No por Sánchez, sino
por Iglesias.
La oferta de gobierno que presentó Podemos, con aquel reparto de
sillones que se calificó de insulto, sumado al referéndum de
autodeterminación, parecían en un principio una oferta para obligar
a Sánchez a rechazarla y repetir elecciones, apoyados en unas
encuestas que anunciaban el sorpasso.
Pero visto el cabreo de proporciones bíblicas que han agarrado los
de la formación morada, al conocer el pacto entre Sánchez y Rivera,
da la sensación que iban en serio.
¿Tenemos que descartar este escenario por el pacto alcanzado entre
Sánchez y Rivera y la posterior pataleta de Iglesias?
De ninguna manera.
¿Qué o quién obliga a Sánchez a cumplir el pacto alcanzado con Cs?
El documento firmado que selló el pacto, bien leído, es un cúmulo
de puertas abiertas para un "inesperado" triple salto mortal con
doble tirabuzón y medio.
Si le sumamos las constantes contradicciones que se están
escuchando en ambas filas en asuntos tan delicados como el
referéndum o la eliminación de las diputaciones provinciales, no les
sorprenda ver al señor Sánchez con bañador bien apretado
queriendo emular al mítico Greg Louganis.
Porque no dudéis de esto: Si Sánchez llega a ser presidente, ni la
Guardia Civil lo saca de Moncloa en los próximos cuatro años.
La temida moción de censura, que de momento no podría ser
inmediata, por reglamento, podría no contar con los apoyos
suficientes que necesitarían sumarse a los diputados de PP y Cs. Ya
que de encontrarnos en ese supuesto, sería porque Sánchez
estuviera siguiendo las directrices podemitas e independentistas.
Sumen y tiemblen...
REPETICIÓN DE ELECCIONES
Es el escenario que presenta un futuro más incierto.
Y es por esa razón, en mi opinión, que es el menos deseado por
todos. Incluído Podemos.
Estamos asistiendo a una confusión generalizada en los medios
creadores de opinión.
Encuestas extremadamente volátiles que una semana te dan diez
diputados más, pero que la siguiente te los quita.
Y con el poco margen que da un electorado tan fragmentado, nos
movemos en un terreno que un sólo escaño arriba o abajo podrían
marcar la diferencia.
Todo ello convierte otra fiesta de la democracia en un cóctel
explosivo muy poco apetecible para unos partidos políticos que, si
en algo se parecen, es en el miedo que tienen a perder el poco o
mucho poder que ya han conseguido.
LA CUARTA VÍA
Esta teoría no es mía. Pertenece a Isaac Parejo. Twittero de bien.
Y aunque la veo remota, os la voy a exponer, ya que me la pone
más dura que el casco del acorazado Potemkin.
La veo remota porque según Isaac la expone, entiendo que sería
necesario el concurso del Rey Felipe VI, bastante más allá de lo
habitual/deseable.
La idea sería que, una vez rechazado Sánchez en los debates de
investidura, a la hora de reabrir consultas (terreno inexplorado que
no recoge la CE) le encargaría formar gobierno a Rivera.
Tendría que rechazar la oferta de un Rajoy que ya ha declarado un
futuro ofrecimiento al monarca, y la de un Sánchez que, sin duda,
pediría más tiempo.
Y amparado en el pacto ya firmado de Rivera con Sánchez, y al más
que evidente entendimiento de Cs con el PP, cuanto menos obligar
a que los dos grandes apoyaran a Rivera en un gobierno de gran
coalición.
Puro Borgen
Lo dicho. Remota por el papel protagonista que tomaría el Rey,
pero...
me pone tanto, que no puedo evitar sopesarla.
Nos quedan al menos dos meses de quinielas, pronóstico y videntes
varios.
Dos meses de sonatinas de multitud de flautistas intentando dirigir
el rebaño.
Dos meses de me quiere, no me quiere.
Dos meses, para los tarados que nos gusta, apasionantes.
Y vosotros, ¿cómo lo veis?
Podéis comentar al final del blog, en la encuesta que os pondré en
el lateral derecho del post o, como siempre, en @jrmv1975 en
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