sábado, 21 de mayo de 2016

CONVÉNCEME, ALBERT

Esperado Albert:
Me tomo la licencia de escribirte esta carta debido a la expectativa que has creado.
Has irrumpido en primera línea de batalla con una fuerza y un carisma que, al menos yo, no había visto nunca.
Un discurso serio y realista. 
Un análisis de la situación acertado y un deseo de reformas estructurales, que se me antojan fundamentales para reconducir el camino de un país poseedor de un potencial vilmente desprovechado.

Tanto me cautivaste, que te voté el 20-D.

Te voté incluso después de dos graves deslices cometidos los últimos días de campaña.
Entendí aquellos errores como el precio de la inexperiencia mezclado con el mal de altura provocado por las encuestas que te colocaron a dos puntos porcentuales de Mariano.
Pagaste la novatada, amigo.
Pensaste en Mariano como un aliado, y no viste venir el ataque furibundo de la maquinaria mediática, que tan sólo unos días antes, te había ayudado.

Los cuatro meses posteriores a las elecciones han supuesto, para ti y tu partido, un curso intensivo que creo, has aprobado con nota.

Nadie podía presagiar que con 40 escaños pudieras llegar a ser decisivo.
40 escaños que no sumaban con el PP para formar gobierno. Tampoco con el Psoe. Y aún así, decisivos para evitar el gobierno de un guiñol de Sánchez manejado por Iglesias.
Ya sólo por eso merecerías que te votase otra vez.

Pero siento decirte que tendrás que convencerme de nuevo.

No te esfuerces en explicar tu aparente indefinición al declararte dispuesto a pactar con PSOE , con PP o con ambos.
No soy de los que piensan que estás más preocupado por entrar en el gobierno, que en las medidas a tomar.
Es evidente que, si se pretende una reforma profunda del país y tocar la constitución, se necesita el concurso de los dos grandes partidos.
Pitágoras es tozudo.

Tampoco te pierdas en mamandurrias.
No embistas a todos los trapos que te pongan.
Prohibir banderas, el gasto electoral, el viaje a Venezuela o ponerte intensito con la corrupción... todo eso está muy bien. Pero así no me vas a convencer.

Necesito depositar mi voto en alguien fuerte.
No nos podemos permitir un presidente que gobierne a golpe de encuesta o de hagstag.

Entramos en una etapa en la que los cambios han de ser drásticos y, en algunos casos, traumáticos.
Aún así quiero que me digas la verdad.
Que no te arrugues.

Quiero que me expliques lo que vas a hacer para invertir la pirámide poblacional y las medidas a tomar para que no tenga que volver a pagarme la jubilación.
Necesito que pongas encima de la mesa las medidas necesarias para que los políticos saquen sus zarpas del sistema judicial.
Cuéntame qué vas a hacer para poner a trabajar a tres millones de personas.
¿Dónde?, ¿haciendo qué?. 
Está muy bien lo de bajar impuestos, flexibilizar el mercado laboral y todo lo que tú quieras. Pero, ¿con qué modelo productivo?
Quiero saber tus propuestas para tener de una vez por todas un Estado con una verdadera separación de poderes.
Unos medios de comunicación autosuficientes que no sean susceptibles de entrar en el pesebre ideológico.
Dime abiertamente el modelo de Estado que quieres para el país.

Explícame todo bien.
Aunque no me guste.
Convénceme con argumentos demoledores que es lo mejor para España, y tendrás mi voto.

Y sobre todo, no des un paso atrás.

No vuelvas a asustarte porque cuatro mermados hagan un poco de ruido.
Lo hiciste cuando dejaste con el culo al aire a Marta Rivera Cruz.
Ante una medida que te podrá gustar más o gustar menos (La de eliminar el atenuante de las mujeres en los casos de violencia de género), pero que es completamente debatible, te bajaste los pantalones y perdiste, sin luchar, el discurso ideológico.

Te volviste a arrugar cuando, después de los atentados de París, volvieron a sonar los ecos del "no a la guerra". Y volviste a suavizar tu discurso referente a los refugiados y a la inmigración.
Si de verdad crees que hay que impulsar una coalición y mandar una misión militar al origen del conflicto, lo dices.


Si de verdad crees que a esa gente no se le puede dejar en la estacada, pero que no podemos abrir de par en par las puertas, explica cómo lo harías. Sin miedo.
Pero no. Volviste a rendir el discurso ideológico en favor de un buenismo enfermizo.

En general, tu discurso se ha suavizado.
Aquel Albert Rivera que sonaba sincero, y que llamaba al pan, pan y al vino, vino se está convirtiendo en un político de los de siempre. Un político de calculadora.
Ese fue tu gran error ante la cita del 20-D. No lo repitas.

No te esfuerces en ser lo que no eres, cuando ser tú mismo te ha dado buen resultado. 
Porque me encantaría volver a votarte... 
convénceme!!!!!


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